Muchos desconocen lo que cuentan los testigos de la resurrección de Jesús, que su cuerpo era de carne y hueso, pero distinto, por eso no le reconocían. Pero no era un fantasma; él comió, bebió y se dejó tocar las marcas de la crucifixión, que eran una evidencia de su identidad. Hemos profundizado en este hecho histórico con Elías Nofuentes, pastor de la Iglesia Evangélica Bautista La Trinitat de Dénia, Alicante. En los días de Jesús, la noticia de que él no había muerto se recibió con una mezcla de alegría y de temor. Hoy, millones de cristianos, la celebran en la clandestinidad y con sentimientos similares “lo viven en un contexto de persecución y dificultad”, afirma Elías. De los cuatro relatos bíblicos, Mateo relata cuando dos mujeres se acercan al sepulcro y ocurre algo totalmente inesperado. Su intención era ungir el cadáver de su maestro y se encuentran con la gran sorpresa de que hay un ángel esperándolas, que la piedra de entrada a la tumba ha sido retirada, y más sorprendente aún, el anuncio de que Jesús ha resucitado. El ángel Para el contexto judío, un ángel es el sello de un mensaje muy importante. Aparece como una señal inequívoca de que era Dios mismo quien estaba lanzándolo, como cuando María recibe el anuncio de su embarazo. Las mujeres Son María Magdalena y María, madre de Santiago y José. En los tiempos de Jesús, las mujeres no podían testificar en un juicio legal, eran tenidas por mentirosas y su testimonio no era válido. Ahora, son las primeras testigos de la resurrección de Jesús y portadoras del anuncio. Los guardias Se aterrorizan ante la aparición del ángel, por la aparición en sí, y porque tenían que dar cuentas de la desaparición del cuerpo ante los sacerdotes. Se juegan, no el puesto, sino la vida. Para Nofuentes, solo Jesús puede dar sentido a la vida. Y lejos de lo que creemos, El 75% de los científicos que han recibido un Premio Nobel son creyentes en Jesús.